Libro I - Orden 66 (Capítulo 10 - El Mar)
La maestra Huayra pudo sentir los movimientos de la niña, la
resistencia a los disparos de Kain y la defensa mutua que Kandar y Flora
estaban llevando a cabo, pero los clones iban a terminar siendo mucho para
ellos.
Pero eso no era lo peor, pudo sentirlos por toda la galaxia,
miles de vidas que se apagaban en ese momento a manos de quienes confiaban en
ellos.
Sabía que la cuestión era de vida o muerte en ese momento,
aunque ella se uniera a sus aprendices allá afuera, las posibilidades de que
todos sobrevivieran eran pocas.
La resolución de la maestra fue una muy extrema pero
necesaria para la supervivencia de la Órden, habiendo asumido la posibilidad de
que ninguno pudiera salir con vida, comenzó a cantar. No era una canción de
guerra o de amor, era una canción llena de nostalgia del mundo de donde ella
provenía.
“Allá a lo lejos, la
luz trae vida.
La belleza del mundo,
cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a
nuestros corazones trae paz.”
Mientras entonaba esta melodía, las lágrimas caían de sus
ojos, recordando a sus hermanos, lo bello del mar, la felicidad de una vida sin
guerras.
“Mientras el mar tenga
vida, nada más importará.
Del mar venimos, al
mar volveremos.
Cuando la madre mar
nos llame, a nuestro sueño eterno acudiremos.”
Poco a poco la canción fue teniendo efecto, los clones que
atacaban a Flora y Kandar dejaron de disparar, y arrojaron sus armas al piso,
de a poco se fueron acercando a la tienda donde estaba la maestra y se
arrodillaron.
“Allá a lo lejos, la
luz trae vida.
La belleza del mundo,
cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a
nuestros corazones trae paz.”
Los soldados que Aladia estaba atacando de pronto se
pusieron rígidos, la dejaron de mirar y se dirigieron también a la tienda.
“Los peces son el
regalo del mar.
Un regalo de la diosa
del mar.
Por ser sus hijos, a
los que tanto ama.”
Justo cuando Kain iba a recibir el tiro de gracia, los
clones tiraron las armas y se dirigieron a la tienda.
“Allá a lo lejos, la
luz trae vida.
La belleza del mundo,
cuando cada día comienza.
El rugido del mar, a
nuestros corazones trae paz.”
Ya la mayoría de los clones estaban en la tienda, muchos
estaban de rodilla e hicieron algo que a la misma maestra sorprendió…se habían
quitado los cascos, estaban con los ojos cerrados, tarareando la canción que
cantaba la maestra.
Pero ella si sabía que la canción era lo único que los
mantenía en ese estado, el lavado de cerebro que tenían era demasiado fuerte
para contrarrestarlo con su dominio.
“Cuando el mar deje de
rugir, sabremos que el día llegará.
En el cual nuestra
diosa dormirá y acompañarla deberemos.
Porque el sueño eterno
no es el fin, sino el comienzo.”
En ese momento su mente dio la orden a los soldados que
sacaran sus granadas y las concentraran en el centro de la tienda, donde la
mayoría de los soldados estaban apostados en círculo torno a ella.
“La vida podrá
traernos muchas algas, y la fría noche.
Pero miramos el alba y
olvidamos las penurias.
Porque el día nos trae
vida.”
En ese momento, supo que no podría continuar con el canto
mucho más, las lágrimas la inundaban y los soldados lloraban con su tristeza,
por lo que se despidió de sus compañeros.
-Adiós, el tiempo que pasé con ustedes fue muy preciado, me
hubiera poder terminado mis días soñando en el sueño eterno, pero la fuerza
tuvo otros designios para mi. Ustedes son mi orgullo, vivan y que la Fuerza sea
su pilar-. Esto fue lo que les transmitió a los cuatro.
“Cuando el mar deje de
rugir, sabremos que el día llegará.
En el cual nuestra
diosa dormirá y acompañarla deberemos.
Porque el sueño eterno
no es el fin, sino el comienzo.”
Al terminar la última frase, uno de los soldados activó las
granadas.
El último pensamiento de Huayra fue en el mar.
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